Mi obra nace del diálogo entre mis orígenes y los paisajes que han marcado mi vida. Crecí rodeada de la intensidad latina de Paraguay y, con el tiempo, encontré nuevos horizontes en España y Suiza. Ese tránsito entre culturas es hoy el eje central de mi práctica artística.
Como artista autodidacta, concibo la creación como un ejercicio de libertad y exploración permanente. No trabajo siguiendo estructuras académicas; en cambio, busco revelar la complejidad de una identidad que se mueve entre diferentes geografías, lenguas y sensibilidades. Mis obras son una síntesis intuitiva de memoria, experiencia y emoción.
Tras dos décadas viviendo en Europa, el arte se convirtió en el lenguaje que une mis raíces con la serenidad de mi vida actual en los Alpes. La maternidad, el movimiento constante y la observación profunda del entorno han moldeado una madurez artística que se manifiesta en gestos sueltos, composiciones abiertas y una paleta que oscila entre lo íntimo y lo expansivo.
En cada pieza intento capturar esa dualidad: la calidez de lo vivido y la lucidez del presente. Para mí, crear es una forma de pertenencia —una manera de habitar todos los lugares que me han transformado, y a la vez, de disolver las fronteras entre ellos.
Mi trabajo es, en esencia, una traducción visual de la vida: color, forma y emoción en constante movimiento.